¿De verdad no se te ocurre nada mejor que hacer con ellos que darles tu móvil para que estén callados y tranquilos y no molesten a los demás? ¿No sería ese un buen momento para hablar de las cosas que habéis hecho hoy, de lo que podríais hacer el fin de semana o un momento en que explicaros historias fantásticas? ¿No sería ese un buen momento para aprovechar y explicar que estáis en un sitio público y que no deben molestar? Eso se llama educar, explicar cómo deben vivir en sociedad, hacerles saber qué es lo correcto y qué no lo es.

Está tan normalizado, es tan habitual, que es perfectamente normal ver a la gente caminar cabizbajo, mirando a la pantalla de su móvil y es perfectamente normal ver a niños, también cabizbajos, enganchados al móvil de sus padres, hasta el punto que uno ya no se sabe si el móvil es del padre o del niño. Pasan tanto tiempo delante que uno empieza a pensar que pronto se verá abducido por la pantalla. Pasan tanto tiempo delante que estamos criando niños que están rehusando el salir a la calle a jugar. Pasan tanto tiempo que tenemos que hacer algo para que no pasen tanto tiempo. Por eso hoy os explicamos cómo gestionar el uso del móvil para lograr que nuestros hijos sean niños normales y no espectros andantes, como lo somos ya muchos adultos (que pisas una mierda y no te das cuenta hasta que llegas a casa y te llega ese maldito olor).

Armando, la tecnología está ahí, tío, es inevitable

¿Podemos evitar que usen las pantallas? No. No podemos. Nosotros hemos crecido con ellas, también, con la televisión, con el vídeo. Si hasta se criticaban, en nuestra infancia, los libros, porque había niños que no despegaban la nariz de las páginas. Hemos crecido y a todo ello se han sumado los ordenadores, los móviles y las tablets. Forman parte ya de nuestra vida y forman parte ya, y formarán, de la vida de nuestros hijos, conformando una nueva manera de ocio e incluso una nueva manera de comunicarnos.

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Ahora bien, que haya una nueva manera de hacer muchas cosas no quiere decir que deba ser la única manera, y eso es lo que muchos padres y muchos niños parece que no tienen muy claro. Las pantallas no son negativas per se, pero si se abusa de ellas, si los niños abusan de ellas, sucederá lo que los expertos ya están avisando y que es de tanta lógica que cae por su propio peso: los niños crecerán con incapacidades sociales y emocionales. Súmale el sedentarismo, súmale el no hablar cara a cara con las personas, súmale el no hacer uso del papel, de los lápices y bolígrafos, de otros juegos de manipulación, del juego libre, del correr, del saltar y un gran etc., y el problema será gordo. Muy gordo. Ya, me he ido al extremo. La situación actual no es para tanto, pero cuidado, estamos en el camino.

Estamos en el camino porque, como digo al principio de la entrada, empieza a ser habitual ver a los niños cabizbajos, con la mirada pegada a la pantalla del móvil o la tablet, sin interaccionar ni con el padre, ni con la madre, ni con la gente de alrededor.

¿Darles el móvil? Sí, también funciona. Presionas el "On" del móvil y, a la vez, presionas el "Off" del niño.

Fuente: bebésymás.com

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